Ludovico Silva

Ludovico Silva

Poeta · 12mo Festival de Poesía de Maracaibo
Biografía

Ludovico Silva, nació en Caracas el 16 de febrero de 1937 y falleció en la misma ciudad el 4 de diciembre de 1988. Su legado lo consagra como uno de los intelectuales venezolanos más destacados del siglo XX, brillando en los ámbitos de la poesía, el ensayo y la filosofía. Desde 1970, compartió su vida entre la cátedra en la Escuela de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela y la creación artística. Su pensamiento, profundamente influido por Karl Marx, concibió las ciencias como materia prima del saber filosófico, cuyo verdadero instrumento era la lógica. Su obra inspira a quienes buscan la verdad en la unión entre el verbo y la razón.

Poemas
ESCRIBE Y PASA Todo se me transforma entre las manos; se me aquieta la mar como un desierto y las praderas, órficas, se mueven; agriétase el espacio en donde muero, todo se agosta, todo se transforma y donde mueren vivos nacen muertos. Simple dolor de ver pasar los meses, delicado dolor, simple martirio en la transformación de lo visible. Cuando se ama el mar y se ha sufrido su verdura mortal, la muerte tiene el fiel verdor de todo lo vivido. El tiempo ya no es tiempo. El tiempo viene en metralla colérica de horas; los espacios, los seres se amotinan, crecen ciudades, meses se demoran, degüéllanse minutos, tiempos caen como rebaños locos en la sombra. Ya no hay luna en los ojos, ya no quieren que uno tenga tristezas y recuerdos; no hay nada para el tiempo, ya no quieren sino un ser con las vértebras de hielo un espantajo atómico que escriba en silencio de máquinas y muertos. Tal vez fue siempre así, tal vez y siempre habrá tenido el hombre la conciencia del fin. Pero esta vez un cataclismo, un vasto resplandor sobre la Tierra, un sonido y un hongo que se expanden con un brillo infinito de miseria, caerán sobre el hombre igual que un ángel, como si de las pailas infernales sobre los tiernos valles de este mundo todo el dolor humano se volcase; derretidos demonios, lava antigua, sacramentos de horror, odios lustrales. Venga al fin la miseria, ¡que no hay miedo! Breve es la vida y santo es el destino, sonoro el nadador, el mar sonoro; y en la serenidad de lo que ha sido, cuántas cosas no son lo que ya fueron, ¡cuántas han vuelto y cuántas se han perdido!
Libros presentados
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